En invierno, el atrapamoscas no tolera condiciones de excesivo calor. Resiste temperaturas casi heladas: si la mantiene a un mínimo de 3º C sobrevivirá el período de reposo invernal. Si la temperatura excede los 10º C, obtendrá especimenes pobres, pues las temperaturas frescas son esenciales para el letargo. Las semillas germinan a temperaturas entre 21 y 26º C.
Sitúela casi todo el año en un lugar en el que reciba abundante iluminación directa: gire la maceta de vez en cuando para que le dé el sol por todos lados y así obtener un crecimiento uniforme. La trampa adquirirá un tono rojo intenso si crece con buena luz. En verano es conveniente protegerla de la luz directa demasiado intensa.
Esta especie no plantea problemas especiales a la hora de regar. Durante la estación de crecimiento, sumerja la maceta en un recipiente con agua blanda libre de cal.
El riego le proporcionará al atrapamoscas casi toda la humedad que necesita. Si la temperatura supera la recomendada, ponga la planta en un lugar ventilado, pero a salvo de las corrientes de aire. Esta planta requiere un ambiente húmedo, por lo que no es aconsejable cultivarla en viviendas con calefacción.
Estas plantas obtienen el abono de sus presas. No abone nunca las plantas carnívoras, pues se les puede estropear la raíz, deformar las hojas o incluso provocar la muerte.
Transplante cada dos o tres primaveras, o cuando haya crecido mucho: utilice una maceta mediana y una mezcla a partes iguales de turba con musgo y arena gruesa. No utilice una mezcla de tierra, pues las necesidades de la planta son muy específicas.
La turba rubia (“sphagnum”), extendida sobre la tierra, contribuirá a mantener un alto grado de humedad, y en ella germinarán las semillas.




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