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La Radermacheria es una planta arbórea perenne, de atrayente aspecto, originaria de China. Su introducción en el mercado europeo de las plantas de interior es relativamente reciente. De rápido crecimiento, es ideal para un ambiente espacioso. En su ambiente natural, llega a convertirse en un arbolito, por lo que tendrá que prever la posibilidad de deshacerse de un ejemplar demasiado grande o podarlo radicalmente para que conserve unas dimensiones manejables. Las brillantes hojas de esta planta toleran la calefacción central y desprenden un suave aroma que, sin embargo, no siempre gusta a todos.
La Radermacheria crece muy bien en un ambiente con temperaturas moderadas, de entre 10º C y 15º C.
Colóquela en un sitio donde tenga buena luz natural o sombra parcial. Un recibidor amplio es el emplazamiento ideal para esta planta.
Riéguela moderadamente durante todo el año; sus necesidades de agua varían según el ambiente en que crezca, si es seco o soleado o excesivamente húmedo.
La humedad no es un problema para la radermacheria, que tolera incluso la calefacción central.
Abónela cada 15 días, desde la primavera hasta finales del verano, con un fertilizante para plantas de hoja. No la abone en exceso, pues se trata de una planta de vigoroso crecimiento.
Transplántela siempre que sea necesario, utilizando turba, muy adecuada para estas plantas.
Lave las hojas bajo la ducha, con agua templada y déjela secar antes de devolverla a su sitio original.

La séflera son árboles de hoja perenne originaria de Australia y el sudeste asiático. Sus largas y esbeltas ramas culminan en una roseta palmatisecta, con hojitas ovales de un solo color verde brillante o de dos tonalidades de verde. En las plantas jóvenes, cada roseta se compone de cuatro o cinco hojas, mientras que en los ejemplares adultos su número puede superar las doce.
Se puede dejar que la planta crezca en altura (la séflera alcanza rápidamente su altura máxima) o podar los extremos para que mantenga un aspecto bajo y frondoso. La séflera prefiere una temperatura moderadamente templada: no menos de 20º C en ninguna época del año.
Elija un sitio bien iluminado, pero alejado de la acción directa del sol. La planta se adapta bien a un rincón sombreado, pero saldrá perjudicada si la traslada repentinamente de una zona muy iluminada a otra más oscura.
El riego se debe de efectuar abundantemente durante el verano, pero bastante menos en invierno. En las épocas frías, limítese a conservar la humedad de la tierra.
Necesita mucha humedad; pulverice las hojas con agua. Procure que la planta tenga buena ventilación.
Abone la tierra con un fertilizante líquido añadido al agua del riego cada dos o tres semanas, entre los meses de abril y septiembre. Si el otoño es benigno, el crecimiento puede prolongarse. Tenga esto en cuenta al abonar la planta.
Transplántela cada dos años, en primavera, cuando las raíces asomen por debajo de la maceta. Utilice una capa de drenaje y otra de tierra común.
Vigile especialmente el abono y los transplantes, ya que la planta puede perder las hojas inferiores, que no se recuperan. En vivero encontrará a la venta plantas pequeñas.

La aralia es un frondoso arbusto de grandes hojas perennes, originario de Japón. Pertenece a la familia de las arialáceas. Resulta ideal como ornamento de una sala de estar o un recibidor. El color y la textura de sus hojas, grandes, brillantes y pecioladas, contrastan con los del tallo, que con el tiempo se vuelve leñoso.
La aralia sieboldi prefiere las temperaturas más bien bajas, entre 10º C y 15º C desde la primavera hasta el otoño. Por encima de los 18º C, las hojas se pueden volver amarillas, secas y quebradizas, y a veces se desprenden y caen. En invierno, la temperatura ideal es de 7º C a 10º C. En verano, saque la planta al exterior, pero protéjala del sol directo y de las corrientes de aire, que desgarran las hojas. Un sitio bien iluminado es lo mejor para el invierno; en verano, sitúela en una posición donde reciba luz solar indirecta.
Riéguela regularmente desde la primavera hasta el otoño, pero muy poco durante el invierno. Si la planta es grande, necesitará mucha agua durante el verano. Esta planta necesita mucha humedad para crecer sana. Rocíe regularmente las hojas con un pulverizador y asegúrese de que esté en un lugar bien iluminado y ventilado. Durante la primavera y el verano, abónela todos los meses con fertilizantes líquidos corrientes añadidos al agua del riego.
Con una dosis adecuada de fertilizantes y transplantes anuales, esta planta puede alcanzar en dos años una altura de 1,5 metros y un grueso diámetro. Si ha crecido demasiado, transplántela durante la primavera, aportando un poco de mantillo común. Utilice una maceta de barro.
Limpie de vez en cuando las hojas y aplíqueles un abrillantador con precaución. Pince los botones florales para que no se desarrollen las flores. Para que la planta conserve un aspecto frondoso, pode los extremos en primavera.

Estas plantas tienen hojas brillantes y de color verde oscuro que surgen de tallos leñosos, que se enrollan y sirven de apoyo a unas olorosas flores blancas. Las flores crecen en grupos de diez o más y tienen forma de tubo abierto en cinco lóbulos. Aparecen entre la primavera y el otoño. El jazmín de Madagascar puede adaptarse para trepar un enrejado o, si el espacio es más limitado, en torno a un aro de goma o caña inserta en la maceta.
Esta planta necesita un ambiente cálido y soleado. Se deben regar estas plantas con un fertilizante líquido corriente añadido al agua del riego cada dos semanas en primavera y verano. Coloque las plantas en bandejas llenas de piedras mojadas para incrementar la humedad. Se deben regar menos en invierno. Para el cultivo de estas plantas, hay que transplantarlas cada dos años en primavera sobre un sustrato a base de mantillo, turba y arena.
Estas plantas crecen rápidamente. La altura y la extensión es variable, pero suele aproximarse a los 3 metros. Retire los extremos que sobresalgan para fomentar el crecimiento arbustivo. En vivero encontrará a la venta plantas de todos los tamaños.
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